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sábado, 10 de mayo de 2014

Un friki representará a España en Eurovisión.


La memoria colectiva de nuestra querida España estaría incompleta sin el Festival de Eurovisión. Cualquiera de nosotros tiene recuerdos vitales ligados a este fenómeno de masas: paradigma del cutrerío y expresión máxima del kitsch más rancio. No, no me gusta Eurovisión,  y sin embargo, siempre acabo viéndolo. Es una contradicción difícil de explicar. Quizá sea porque soy un pedazo de friki, o porque como buen español, soy más de Hola que de Nature, y más de Sálvame que de los Documentales de la 2. O a lo mejor es porque conservo algo de aquella actitud pueril que me hacía vivir  Eurovisión como una competición deportiva, celebrando cada voto recibido como si fuera un gol de La Roja.   
 
Mi infancia y mi adolescencia están ligadas a este maldito festival. Cómo olvidar aquel año en que me levanté de la cama con 39 grados de fiebre para apoyar el poco prodigioso "Made in Spain" de la Década. Cómo no recordar las lágrimas de emoción tras ver interpretar a la gran Nina "Nacida para amar", un baladón que mereció ganar por goleada.
 
 
 
 
Y es que entonces, como ahora, Eurovisión está amañado. Básicamente, los países amigos se votan entre sí, repartiéndose los puntos de tal manera que siempre suele ganar uno de ellos. El maestro Jose Luis Uribarri, eterna voz en off del festival, era capaz de acertar con precisión matemática que país iba a votar a otro, y casi hasta el número exacto de puntos. Y no es porque Uribarri fuera un genio (que lo era), sino porque todo el pescado estaba vendido.
 
Las retransmisiones de este pionero de la televisión eran impagables. Aportaba una catarata de datos biográficos de artistas a cual más desconocido, por lo que nadie podía llevarle la contraria: "Llega el turno de Polonia, representada por la exuberante Toquisque Lasoba, una gran estrella en su país de origen, donde es muy popular por haber sido el único mamífero que le ha dado calabazas a Fran Rivera, matador dentro y fuera de la plaza”.
 
El festival es una gran farsa,  un show televisivo donde un año gana Lituania, otro Letonia, al siguiente Estonia, y vuelta a empezar. Uno se pregunta: ¿Por qué seguir concursando?, ¿Por qué seguir mandando todos los años a un pringadillo/a para hacer el ridículo donde Cristo dio las tres voces?,  ¿Merece la pena gastar un pastizal para que nos humillen un año sí y otro también? Vaya quien vaya, y hagamos lo que hagamos, siempre, volvemos con los mismos puntos: Los que nos dan nuestros vecinos portugueses, los tradicionales uno o ninguno de Italia, y los de los cabrones de los gabachos. Los franceses casi siempre nos votan: Casi en 1980, casi en 1981, casi en 1982, y así hasta nuestros días. 
 
 
Foto tomada de www.es.wikipedia.org
 
 
Por todo ello, yo celebré que enviáramos al Chikilicuatre. Fue un zas en la boca de los organizadores, quedamos más o menos como siempre, y encima nos echamos unas risas. ¿Qué más se puede pedir? Abogo porque de una vez por todas dejemos de presentar temas de saldo compuestos por autores víctimas de la LOGSE, cantados en español con estribillo en inglés. Solicito formalmente que no enviemos al cadalso artístico a esos esforzados intérpretes que sueñan con una gloria que nunca conseguirán ni aun ganando Eurovisión. ¿Alguien se acuerda de un ganador del festival que luego haya tenido una carrera artística duradera?
 
Mención aparte merece Rosa López, esa chica que canta con dicción de Valladolid, y sin embargo, habla  evocando a la forma primigenia de lenguaje oral que debían tener los pobladores de Atapuerca menos dotados intelectualmente. Como ganadora de la primera edición de Operación Triunfo, a Rosa de España le pasaron la patata caliente de representarnos en Eurovisión. La criatura tenía y tiene una voz prodigiosa, pero el escenario le daba más pánico que a un gitano un contrato indefinido. Operación Triunfo había batido todos los record de audiencia, y sus participantes se convirtieron en estrellas mediáticas de la noche a la mañana. La expectación era brutal,  y en el ambiente se respiraba que por fin íbamos a ganar Eurovisión. TVE se acojonó pensando que la paletaza de Rosa podía dar la espantada, o quedarse en blanco en el escenario. Quitó el cuerpo de baile habitual, ese que forman dos o tres guarrillas mal operadas, o unos cuantos musculitos con más pluma que un pavo real. Y lo sustituyó por Bisbal, Bustamante, Chenoa, Gisela y Geno, un póker de ases para la pusilánime e ingenua Rosa.
 
 
Foto tomada de www.sufridoresencasa.com
 
 
 España entera se volcó. Los ayuntamientos pusieron pantallas gigantes en plazas y polideportivos como si de la final de la Copa del Mundo se tratara. Las niñas nacidas esa noche se llamaron Rosa, y los niños también. "Europe living a celebration" era la mierda habitual de canción eurovisiva, pero fue muy bien defendida, y olía a victoria. No fue así. Ganó otro residuo orgánico de tema (retamos al lector a recordar cual fue), y Spain acabó living a funeral.
 
Yo propongo no volver a concursar en el festival, o en su defecto, que nos represente un friki cada año: Un tarado como Leonardo Dantés con su célebre "Tiene nombres mil el miembro viril". Un desecho social llamado Luixi Toledo, que va por la vida diciendo que es marciano y que es el autor de los grandes éxitos de Michael Jackson. Un icono sexual como Jesús Vázquez con su parahit "Y yo te besé". ¿Y por qué no Jesulín de Ubrique?, ese crooner mojabragas que rompió las listas de éxitos con "Toa, toa, toa". O el jeta profesional Kiko Rivera con su versión dance de "Una vieja y un viejo van p'Albacete". Y así, edición tras edición del festival hasta que nos echen.
 
 
 
 
Yo os voy a dejar por hoy. En menos de una hora empieza “Destino Eurovisión”, o lo que es lo mismo, la previa del festival. Asistiremos al lamentable espectáculo habitual: Una animada tertulia donde algunos de los más insignes intelectuales patrios, acompañados del eurofan gay de turno, disertarán sobre las enormes expectativas que ha generado nuestra representante. Dirán que es una de las favoritas en las redes sociales, que el traje que lucirá es el secreto mejor guardado, y que esta mañana han hablado con ella y les ha dicho que está nerviosa, pero feliz de representar a España. Luego pondrán el video de siempre con Salomé, Mocedades y Massiel, y conectarán con Las Torres de Cotillas, el pueblo murciano donde nació la estrella. Allí hablarán en directo con la tía Justina, portavoz de la familia. Doña Justina contará a la entregada audiencia que su sobrina era muy buena estudiante pero tenía el gusanillo del cante  desde chiquitita. Al parecer, ya con cuatro años entonaba el "Cucurrucú, paloma brava" por calles y plazas.
 
Ruth Lorenzo: Aún estás a tiempo. Finge una hipertricosis gingival lanuginosa aguda, y no salgas a ese escenario. Si actúas, te van  a votar menos que al Partido Popular en las europeas. Si no lo haces, abrirás los telediarios de mañana, y tendrás tu minuto de gloria. Huye ahora que puedes, Ruth o serás carne de psicólogo el resto de  tus días.
 
Amigos, resignémonos. No volveremos a ganar nunca más Eurovisión, ni mandando a Plácido Domingo. VanityFreakNews.
        

sábado, 5 de abril de 2014

Una boda civil acaba en criminal: Parte IV.


Gema había decidido que Juanma llevara un chaqué clásico. Pero al final, la madre de Juanma se salió con la suya. Sometió al calzonazos de su vástago a un chantaje emocional sin cuartel: “Hijo mío, para una vez en la vida que voy a ser madrina, no me quites la ilusión. Con lo guapo que estarías con un traje modernito… Si es por el dinero no lo hagas, yo te lo pago”.

Juanma era un panoli, habitualmente manipulado tanto por su prometida como por su madre. En esta ocasión, la fuerza de la sangre hizo que claudicara ante su progenitora. Así nos lo cuenta Gema: “Juanma se presentó ataviado con un traje de Nino Nuccio, a juego con el de mi suegra. Madre e hijo por separado, tenían un tiro de mierda, pero juntos reunían delitos estéticos suficientes como para ser condenados a cadena perpetua no revisable en una cárcel turca”.
 
 
Foto tomada de Facebook
 

Ella iba vestida de meretriz rusa prejubilada. Y su tinte capilar hubiera llamado la atención por demasiado rubio hasta en Suecia. Decir que Juanma iba hortera es quedarse corto, extremadamente corto. El traje era digno de los modelos masculinos de “Noche de fiesta”, aquellos shows televisivos míticos de nuestra adolescencia. El problema es que la percha de Juanma poco tenía que ver con la de los azafatos apolíneos del gran Jose Luis Moreno. Y lo que es peor, Juanma incumplía dos premisas básicas para aparecer en “Telva: Bodas con Estilo”. Primero: El bigote y la perilla están proscritos tanto en la novia como en el novio. Y segundo: El novio no puede llevar el vello axilar o el cabello igual o más largos que la novia.

“Si hubiera mantenido el Animalstopforever®, esto no hubiera pasado”. Pero la ingenua Gema se apiadó de su madre y de su suegra, y les retiró el parche de cloroformo el día anterior, por lo que ambas señoras pudieron acudir al evento. Visto lo visto, los dos carcamales se llevaron el ascua a su sardina. Todavía bajo los efectos del fármaco, vagaban por el parking descubierto, buscando la carpa habilitada para la cena. Deambulaban desnortadas, como si se hubieran perfumado generosamente por dentro y por fuera. Bailando presentaban un déficit psicomotor evidente, típico de los efectos deletéreos de un tóxico sobre el cerebelo. Se besaban y abrazaban con propios y extraños. Más de uno comentaba lo mucho que le recordaban a Massiel en el postbanquete de la boda de sus amigos Rocío Jurado y José Ortega Cano.
 
 
Foto tomada de www.bodas.net
 

El novio estaba nervioso. Sabía que le había hecho una jugarreta a Gema, y que eso le supondría dormir en el sofá no menos de tres meses. En el sexo ya ni pensaba, y se concentraba en prepararse psicológicamente para la larga temporada de duchas frías que le esperaba. Cuando por fin llegó a la altura de Gema, le espetó: “Hola señorita, soy el novio. No nos conocemos, así que supongo que es usted invitada de Gema. ¿La ha visto? Creo que a ella no le va a hacer ninguna gracia que usted vaya vestida de blanco. Pretende que ésta sea una boda con estilo, aunque de momento, vamos de truño en truño y tiro porque me toca”.

“¡Soy  yo, gilipollas!”, le espetó Gema, con voz y mirada a lo Risto Mejide. Juanma se quedó bloqueado durante unos breves ciento ochenta minutos, que se hicieron eternos. ¿Era verdaderamente Gema o una usurpadora?  Factores en contra: Las fundas dentales, el depilado pancorporal, las uñas lacadas en bronce, las lentillas de color azul cala menorquina, el bronceado a lo bonzo, y el maquillaje multiestrato, donde había más capas que una excavación arqueológica. Factores a favor: La inconfundible halitosis (Gema se empeñaba en poner ali-oli hasta en el café), y las botas de trekking Salomon.

Era Gema, pero ¿Qué había sido de su esculpido capilar resistente a tsunamis?, ¿Dónde estaba el recogido tipo satélite de órbita estacionaria que iba a llevar? “No te lo vas a creer, Juanma, pero me ha tenido que peinar mi vecina del quinto. Como lo mío ya estaba pagado, la peluquera me ha dejado para el final, y ha hecho el agosto arreglando a todas mis tías y primas del pueblo. Se ha hecho tarde y tenía que cerrar. Me ofrecía cortarme el pelo a lo teniente O´Neil, o ponerme una peluca como la de Carmen de Mairena. Juan Manuel, ésto no está comenzando bien, y lo que mal empieza, mal acaba. Mi sueño de salir en Telva: Bodas con estilo, se aleja a la velocidad del Ferrari de Fernando Alonso, o sea, despacito, muy despacito”.
 
 
Foto tomada de www.abc.es
 

Como el amor todo lo puede, al final la boda se celebró. Una sencilla ceremonia civil presidida por el encargado de la sección “Iluminación exterior” del Leroy Merlin de Plaza Norte, y a la sazón concejal en el Ayuntamiento de San Sebastián de los Reyes. El acto duró apenas cinco minutos, para solaz de los invitados: “Menos mal que estos curas de paisano ya no son como los de antes. Así de cortos tenían que ser siempre los sermones” decía un primate de mediana edad, con más pelo en la cara que Chewbacca en su etapa hippie. ¡Venga, tos pa´l restaurante, que me han dicho que luego hay guarra libre!”, aullaba un aborigen de la España profunda, oliendo a Eau d’Establo. Tenía en mitad de la frente, un cerco solar indeleble, señal inequívoca de haber llevado boina noche y día trescientos sesentaicinco días al año desde el bautizo.

No obstante, durante la breve celebración a Gema le dio tiempo a emocionarse y a limpiarse el moquillo en la corbata-manta de Juanma, quien por otra parte estaba viendo en el móvil como iba el partido de su Real Madrid. Cumpliendo la tradición, Gema llevaba algo regalado (una pinza para el pelo bañada en curare, obra de su cuñada), algo prestado (la virginidad de su tía Francisca, la del pueblo), y algo propio (el contrato de la hipoteca a cien años). Por su parte, Juanma estaba hecho polvo porque el Madrid perdía uno a cero en el minuto 85 de partido, y el entrenador Carlo Ancelotti no se decidía a hacer ningún cambio. Jodido pero contento, ya que su misión en aquella boda había finalizado. Sus minutos de fama ya eran historia. Nadie se acordaría de que se equivocó diez veces en el “Sí quiero”, o que gritó: “Árbitro, hijoputa”, justo antes de intercambiar los anillos con Gema. Desde la entrada en escena de la novia, él era un mero ectoplasma. Así sería hasta el final del evento, y de su ya de por sí, triste y gris vida.
 
 
Foto tomada de www.hogar.fotocasa.es
 

Lo que no sabía aún es que acabaría su boda convertido en un fantasma real, no en un zombie, sino en un fiambre humano. Pero esa es otra parte de la historia que Gema nos contará otro día. Ahora mismo no puede porque está alquilando en Bluespace dos mil metros cuadrados de trastero, para guardar la primera parte de las fotos del bodorrio. VanityFreakNews.