sábado, 13 de abril de 2013

Una mierda pinchada en un palo triunfa en la Feria ARCO.

          La primera y última vez que mi mujer y yo visitamos la Feria ARCO, lo pasamos fatal. No porque fuera aburrida, (que lo era), sino por el papelón que supone profanar el santuario del arte contemporáneo español, siendo manifiestamente agnósticos.



Entramos con fingida decisión, para intentar ocultar nuestra condición de aldeanos. Enseguida nos dimos cuenta de que cantábamos a kilómetros. No íbamos disfrazados de nuevos ricos con ese puntito característico de pseudointelectual progre. Y es que el visitante habitual de ARCO expresa fenotipo.

Pasábamos de unas salas a otras como el que lee hojas de un libro en blanco, hasta que de repente, un hedor insoportable se adueñó de nuestro cerebro olfatorio. En una estancia lóbrega, un grupo numeroso de personas contemplaba extasiado una masa informe de dimensiones considerables, dispuesta sobre un pedestal lacado en tonos grises. Desde esa distancia, no podíamos ver con claridad la supuesta obra de arte. La megafonía repetía machaconamente un clic musical compuesto por lo que parecía una salva de ventosidades, seguida del sonido atronador de una cisterna de inodoro, que se vaciaba una y otra vez.
 
 

Perplejos, y tapándonos la nariz con la mano, nos acercamos lo suficiente. La leyenda de la obra decía: “Trozo de naturaleza ensartando residuo urbano. Autor: Gertru Ñacos”. Yo nunca he entendido ni de arte ni de nada, pero lo que allí veía era una mierda de descomunal tamaño, pinchada en un palo, y una panda de zombies que la observaban con expresión transida, supongo que por el olor.

Se acercó a nosotros un hombre de mediana edad. Botines de ante azul, vaqueros pitillo azules gastados, con el dobladillo vuelto un palmo y medio. Chaqueta larga de lana gruesa totalmente desabrochada. Por debajo, asomaba una camiseta blanca con un gran punto negro dibujado hacia la mitad del pecho, y bajo él un sencillo mensaje: “Fóllame o déjame”. Gafas rojas de pasta, barba de dos días (como la de una abuela de pueblo), y peinado a lo Sergio Ramos (versión Marzo de 2013).

Se dirigió animosamente a mi mujer y le dijo: “Epata, ¿Verdad?”. “Apesta”, acertó ella a contestar. “Bongiorno, pareja. My name is Rubén Panao, artista conceptual frustrado, bloguero caquéctico, y crítico en la revista DecoVanguardias. ¿A vuestro barrio proletario llega Twitter? Me podéis encontrar como @trendyrupanao: cien mil followers, una media de doscientas menciones y ciento cincuenta retuiteos por semana. Ese soy yo. Me encantan vuestros outfit, guapos. El rural chic va a ser in la próxima temporada, y os estáis adelantando. Sois divinos, nenes. ¿Venís mucho por aquí?
 
 

Sin tiempo para contestar, me espetó: “Te fallan el peinado y las gafas, rey. El look seminario está totalmente out”. El cuerpo me pedía coger prestado el vástago de madera de la “escultura”, y metérselo a Rubén por su agujero negro poco a poco, hasta convertir a aquel cretino integral en un espeto humano. Eso sí que hubiera sido arte conceptual, y no aquella mierda. Mi obra se hubiera llamado “Brocheta gafapastada al atardecer”. Pero lo que tiene haber ido a un colegio de curas es que además de educación, te da contención, así que sólo le dí una certera patada en los cojones. “Perdona Rubén, es que tengo bajo el potasio y me dan unos calambres malísimos en las piernas, por sorpresa”.

“Pues haz como yo, criatura, come mucho plátano. ¡Qué golpe me ha dado el paleto, por Dior!”, decía con voz todavía ahogada. Rubén se recompuso y nos dio su visión profesional de aquella obra de arte: “Estáis contemplando el culmen artístico de un talento sobrenatural. Gertru Ñacos en España estaba infravalorada, pero en Estados Unidos era una auténtica celebrity. Justin Bieber es su mayor coleccionista privado. Tiene aproximadamente treinta gertrus expuestos en su mansión de Beverly Hills. “Estas esculturas son lo más parecido a mis discos que existe en el mundo”, ha manifestado el ídolo adolescente.
 
 

En la fiesta por la reelección de Obama, Gertru fue la invitada especial. Realizó una performance que le hizo ser trending topic dos días seguidos. Se tomó allí mismo una carretilla de fresones de Aranjuez con nata cortada. A continuación se metió los dedos en la boca, y emitió un vómito semisólido con tropezones. Partiendo de esa materia prima, modeló una réplica de la Estatua de la Libertad en vivo y en directo. La ovación de los presentes puestos en pié duró diez minutos. El presidente Obama se fundió en un abrazo con ella, y después de darse un piquito con sabor a fresa, le dijo: “Yeltru Neicos, su obra es la mejor embajadora de los valores que América y Occidente defienden en nuestros días”.

“Ñacos es una adelantada a su tiempo. Sólo las generaciones venideras podrán valorarla en su justa medida”, prosiguió Rubén, ya con el tono de voz completamente recuperado. “Lástima que nos haya dejado precozmente a los veintisiete años, como Janis Joplin, Jim Morrison, Jimi Hendrix, Kurt Cobain y Amy Winehouse. En el caso de Gertru Ñacos las drogas no han tenido nada que ver ni directa ni indirectamente. La culpa ha sido de los recortes en sanidad. Gertru se sintió indispuesta y acudió al Servicio de Urgencias de un hospital público madrileño. Allí ya no hay médico. La primera evaluación la hace la jefa de los servicios de caballeros, y ya si la cosa se pone chunga, se avisa a algún celador. La señora de la limpieza en cuestión le dijo que no tenía nada, que hiciera unos gargarismos con Don Limpio y se tomara un paracetamol.
 
Pero paradojas de la vida, Gertru tenía una obstrucción intestinal. Las paredes de su intestino se rompieron, y las heces allí acumuladas invadieron sus tripas, desencadenando un shock infeccioso que acabó con su vida. La pobre limpiadora fue condenada por negligencia, ya que en estos casos, las guías de práctica clínica recomiendan Fairy en vez de Don Limpio. Y el Excelentísimo Señor Presidente de la Comunidad, como cualquier politicastro en estos casos, otorgó a la artista la Medalla de Oro a título póstumo”.
 
 

Rubén Panao no pudo contener la emoción, y las lágrimas cubrieron sus gafas de pasta: “En Gertru Ñacos confluyen el yo y el superyó, hasta conseguir una disociación del ser metaanalítico no contemplada hasta ahora. Imbrica la soledad participativa del principio de este milenio con la rutina existencial de la vida cosmopolita en cualquier gran ciudad. Es un crisol transcultural donde tierra, fuego, mar y aire se amalgaman sin ambages. La mezcla resultante ataca la sensibilidad del espectador, hasta herirlo en lo más profundo de su alquimia espiritual. El intelecto da bandazos, en una lucha desesperada por llegar a tierra firme, mientras el imperio de los sentidos sojuzga la realidad corpórea, hasta hacerla consciente de su vulgar temporalidad. Las creaciones de Gertru Ñacos son una disgresión cinegética donde los lares y los manes del alma pugnan por alcanzar la metempsícosis redentora. La obra de Gertru es … es una puta mierda”. VanityFreakNews.
 
 
 
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario