domingo, 24 de febrero de 2013

Rouco Varela y Paco Clavel se reencuentran.


 Mucho se ha especulado sobre las verdaderas razones que hicieron que Antonio Rouco Varela y Paco Clavel fueran separados al nacer. Hay quien dice que como Rómulo y Remo, fueron arrojados a la noche  madrileña y sobrevivieron amamantados por una camarera con fama de loba, en un garito de Malasaña. Eran los tiempos de la Movida. Paco, farandulero y bohemio desde chiquitín, fue labrándose una carrera en las medias de rejilla, y llegó a fundar un movimiento cultural conocido como guarripop. Antonio, reservado y prudente, también era  noctámbulo.  Permanecía despierto orando frente a sus iconos, hasta la hora de los maitines.

Otros opinan que llegaron a la Tierra en una nave procedente de un lejano planeta. Y la verdad sea dicha, viendo las pintas que gasta uno, y las cosas que en ocasiones dice el otro, bien podríamos pensar que se trata de alienígenas, deportados desde su galaxia de origen, por el único delito de ser raros. Los biógrafos desautorizados dicen que Paquito fue niño probeta, y que los experimentos, como obra humana que son, a veces fallan. Por el contrario, don Antonio apuntaba a niño profeta desde que era sólo Toñín.




El hecho innegable es que las trayectorias vitales de ambos personajes se separaron, para seguir caminos paralelos, es decir, tendentes al infinito, pero sin posibilidad de tocarse. No hay más que verlos vestidos. Mientras Paco suele parecer el payaso de Micolor, a Antonio no hay quien lo saque del negro cuervo excepto cuando oficia en la Almudena o en El Pilar. Paco es el MacGyver de los complementos, y lo mismo te hace un bolso de mano con una lata de atún de cinco kilos, que te diseña unos pendientes con dos cajas de quesitos El Caserío. Si ponéis hortera en Google imágenes, las cinco primeras fotos suelen ser suyas. Y si tecleais sieso, tristón o borde, las cinco primeras páginas son de primeros planos de Rouco. Paco es la Tierra Media, Antonio es Mordor. El primero es la alegría de vivir, el segundo hace tiempo que olvidó el único chiste que se sabía. Uno tiene la voz atiplada y campanuda, y suelta pluma como un pavo en Acción de Gracias; otro habla como si Leonard Cohen estuviera ronco, y te mira como pensando: “Por el culo ni el bigote de una gamba”.

Por ello, la noticia de que Antonio y Paco se iban a reencontrar en un plató de televisión ha cogido por sorpresa a propios y a extraños. El próximo domingo aparecerán en la franja horaria estelar de la parrilla de Tele Circo. Isabel Gemido, la indiscutible reina del prime time, recibirá a la extraña pareja en su programa "Lo que necesitas es humor". Esta entrevista a dos bandas, supondrá una victoria segura en la eterna guerra de las audiencias.




Otro éxito de la popular presentadora, cuya carrera está jalonada por hitos televisivos como "Hablemos de Chencho", o "Esta noche Chechu". Isabel ha revolucionado el género periodístico de la entrevista. Inolvidable aquella ocasión  en que se enfrentó a Ramiro, el mejillón de Pontevedra que se separó de su concha  por incompatibilidad de caracteres. Por no hablar de su cara a cara con Billy, la estantería lacada en blanco de Ikea, que convivió toda su vida útil con muebles Luis XV en el comedor de un guionista televisivo gafapasta. En su día, Isabel llamó varias veces a Rouco para que participara en “Sor presa, ¡Sor presa!”, pero él declinó amablemente la invitación.

Antonio y Paco, Paco y Antonio. El orden de factores no altera el producto. Son como dos gotas de agua. Pero, ¿De qué pueden hablar dos personajes tan iguales y a la vez tan dispares? A ninguno de los dos les gusta el fútbol. Y es hecho probado que ninguno de los dos ha tenido novia. Por aquí vamos mal, porque si al españolito medio le quitas el fúrgol y las titis, los temas de conversación quedan reducidos a la mínima expresión. No me gustaría estar en la piel de Isabel Gemido, y no porque parezca la membrana de un tambor, a punto de romperse después de tanto lifting, sino porque va a morder en hueso. Rouco tiene la empatía de una tortuga, y Paco parece una tortuga, escondido bajo el caparazón de sus tres estratos de maquillaje facial tsunamiproof.




Al final, no van a tener más remedio que cascar de Benedicto XVI, y de su renuncia voluntaria a ocupar la silla de Pedro. Desde luego, así no salimos de la crisis. Si dimite uno de los pocos trabajadores en el mundo que tenía plaza fija, es que la cosa está mucho peor de lo que pensábamos. Dicen los romanos que la cola de cardenales que quieren echar la instancia para el puesto, llega hasta el río Tíber. Lógico. Es un pastel muy goloso. En los tiempos de los contratos por obra, y de los seiscientoseuristas, una relación contractual vitalicia, casa, coche, viajes, y línea directa con Él de arriba, no es moco de pavo.

Menos mal que ya no estamos en la Edad Media, cuando una mitra cardenalicia e incluso el cetro de Pedro podían comprarse. Sería muy fuerte ver a un golfo millonario y putero impenitente como Berlusconi, bendecirnos urbi et orbi desde el Vaticano, mientras su corte de velinas le hace los coros celestiales en el bajo vientre.




Gracias a Dios, la Iglesia es una organización seria, y el sucesor del Papa Ratzinger será elegido democráticamente por el colegio cardenalicio. Tras la fumata blanca, los cristianos de todo el mundo conocerán la identidad de quien ha de guiarlos por voluntad divina, a través de los inescrutables caminos de la fe. A ellos y sólo a ellos correspondería opinar sobre el nuevo Papa. Porque si uno libremente decide ser ateo, agnóstico, budista, musulmán o mediopensionista, qué coño le debiera importar quién sea la cabeza de la Iglesia católica.

Seguro que algo tienen que decir a este respecto Paco y don Antonio. Vanity Freak News, haciendo honor a su acreditada fama de mosca cojonera, está en disposición de adelantar en primicia, lo sustancial de las palabras de los dos protagonistas. Pero que no se asusten nuestros sabios lectores, porque por una vez no les vamos a dar la brasa.

Todos nos imaginamos cómo les gustaría a Paco y a Antonio que fuera el nuevo Papa, y como defenderían con argumentos sus posturas enfrentadas e irreconciliables. En una elección de este tipo, los fumetas nunca se pondrán de acuerdo con las fumatas. Incluso no albergamos duda de que al propio cardenal Ronco Varela le encantaría ser papable, aunque nunca lo vaya a reconocer públicamente.

Así que no le vamos a hacer perder el tiempo a nadie. Respetemos, vivamos y dejemos vivir. Y por encima de todo, ¡Mucho amor y mucho humor!. VanityFreakNews.




No hay comentarios:

Publicar un comentario