sábado, 7 de julio de 2012

Los expertos sospechan que el abandono de la política por parte de Leire Pajín, es una tregua trampa.


Fuentes de la lucha contra los políticos ineptos han acogido la noticia con la lógica satisfacción, pero recomiendan ser prudentes y actuar con cautela, dados los antecedentes existentes en esta delicada materia. En declaraciones para Vanity Freak News, han manifestado: “Todos recordamos el caso de Celia Villalobos, alienígena funcional transfigurada en ministra de Aznar, que amenazó con irse de la política varias veces, y nunca cumplió su palabra. Hoy sobrevive como tertuliana de fortuna en las televisiones privadas, amén de mantener su acta de diputada en el Congreso”.

La pizpireta y locuaz  Leire ha reconocido que marcharse a la Organización Panamericana de la Salud supone cumplir un sueño. Nosotros cumplimos otro conque ella se vaya. Con su acreditado nivel intelectual, dice que lo peor va a ser tener que ir a trabajar con americana de pana. Todo sea por la causa, querida Leire. Tu empieza aquí, y ya veremos luego si promocionas y llegas a la Lycramericana.

                                    

Así las cosas, en pocas semanas exportaremos a la Pajín. Quién sabe, a lo mejor el producto cuaja, y su cuota de mercado posibilita que sigamos soltando lastre en el futuro. Teniendo en cuenta lo duros que son los americanos con sus aranceles, y el veto que implantaron al porcino ibérico durante mucho tiempo, no deberíamos asumir  riesgos innecesarios. Lo más oportuno es que la exministra de cuota viaje en valija diplomática, y ahorrarnos el potencial oprobio de verla retenida en la aduana. Mira que si se tiene que quedar a vivir en La Terminal, como Tom Hanks en la película. Lo de no cambiarse de ropa y asearse de tarde en tarde, no lo iba a llevar mal. Haciendo honor a la verdad, siempre ha sido un poco espesa. Cuenta un antiguo colaborador que le escondían los paraguas, para que entrara en contacto con el agua al menos cuando llovía.

Como sabemos que los políticos de uno y otro signo, en fondo se llevan bien y compadrean fuera del trabajo, deseamos sinceramente que Miss Peiyin, invite a pasar temporadas largas (incluso definitivas) en la tierra del Tío Sam, a buena parte de los ministros actuales. Podría empezar por ese Fénix de los Ingenios que la ha sucedido en el Ministerio, la inefable Ana Mato, ferviente consumidora de rayos UVA (una cosa es estar morena y otra carbonizarse), y de remedios caseros para tratar las enfermedades … de los demás.

jueves, 28 de junio de 2012

La flora vaginal de Ana Obregón, declarada reserva de la biosfera por la UNESCO.


        Esta mañana se ha conocido oficialmente que nuestra no siempre valorada Ana Obregón, ha entrado en el club de las elegidas por la UNESCO. Las deliberaciones del tribunal se prolongaron hasta altas horas de la madrugada, dado el altísimo nivel de las aspirantes. Vanity Freak News está en disposición de adelantar que en la terna final, Anita estaba acompañada por la pornostar norteamericana Jenna Jameson, y por la también española Anne Igartiburu. La estadounidense fue la primera en caer eliminada, al verificar el jurado, que muchos de los contactos íntimos recogidos en el baremo, se llevaron a cabo en el contexto de su actividad profesional. Así las cosas, el duelo de latinas estaba servido. A pesar de su juventud, Anne hizo valer sus excelentes credenciales, pero lamentablemente, el consejo de sabios tuvo que anular 6240 encuentros sexuales, al comprobar que en ellos se repetía pareja hasta dos y tres veces. Un fallo imperdonable de la inexperta Anne, que la veterana Ana no cometió.

        Nuestra embajadora cultural se une a las vencedoras de 2008 y 2010, Paris Hilton y Kim Kardashian. Se trata de la primera vez que una latina consigue tan importante premio. Nadie duda de que los años que pasó en Hollywood trabajando, incrementaron cualitativa y cuantitativamente su curriculum amatorio, hasta ponerse al nivel de las grandes estrellas internacionales.


                                                              
                                              
        En declaraciones a Vanity Freak News, altos representantes del Instituto Pasteur de París, han confirmado que se han puesto en contacto con ella: “Queremos incluir en nuestros archivos una muestra de este paradigma de la biodiversidad púbica. Se trata de un hallazgo muy importante para la ciencia, porque al ser la portadora una persona de avanzada edad, alberga algunos microrganismos desaparecidos hace varios lustros, como la ladilla roja acentollada, oriunda de una tribu del Orinoco, y muy apreciada entre los proxenetas del barrio chino de Amsterdam. También da cobijo a especies en peligro de extinción, de las que sólo se conservaban hasta ahora, algunas cepas aisladas en recónditas casas de lenocinio tailandesas”.

        Asimismo, la impopular artista, ha anunciado que estos días estaba ultimando su autobiografía autorizada, “Más fina que las gallinas”, por lo que este reconocimiento a toda una vida no puede ser más oportuno, y supondrá un espaldarazo muy importante para las ventas del libro.

        El presidente del Gobierno, así como la Casa Real, han enviado sendos telegramas de felicitación a la flamante galardonada, que no ha dudado en postularse para realizar su tradicional posado veraniego en bañador en el mismísimo Palacio de Marivent. Zarzuela ha declinado amablemente el ofrecimiento, por lo que Ana tendrá que fondear de nuevo sus maltrechas y amojamadas carnes, en la cala mallorquina habitual. Invocamos al Altísimo, con la esperanza firme de que quede allí varada para siempre.

domingo, 11 de marzo de 2012

The artist

En la madrugada del domingo 4 al lunes 5 de Marzo, “The artist” fue coronada como mejor película del año. A muchos kilómetros de distancia del Kodak Theatre, aunque prácticamente a la misma hora, otro artista, Don Iñaki Urdangarín Liebaert, duque consorte de Palma de Mallorca, y todavía marido de la Infanta Doña Cristina, estaba interpretando el papel más difícil de su carrera. Abandonaba las dependencias de los juzgados de Palma, después de dos días intentando explicarle a su señoría la cuadratura del círculo. El reparto de la película es estelar:

1º Doña Cristina, como “El gancho”. Una especie de bulto sospechoso, sin poder ejecutivo, ni participación en las decisiones empresariales.

2º Don Iñaki, como “El pringao comemarrones”. Un samaritano que pasaba por allí, y cuyo único interés era ayudar desinteresadamente a las administraciones públicas que le pedían consejo profesional.

3º Diego Torres, como “El villano”. Un ser malo malísimo, que engañó cruelmente a su socio y amigo Iñaki, utilizando a la Corona para enriquecerse.

La trama argumental recuerda a nuestra etapa escolar. En todas las clases había un hijoputa integral, que arrastraba al lado oscuro a alguno de los tiernos púberes de menor personalidad. Cuando la profesora de turno llamaba a capítulo a los papás del pequeño alevín de Mefistófeles, la mamá solía decir aquello de: “Mi Kevin Joshua de Jesús es muy bueno, pero le pierden las malas compañías”. No señora, su Kevin es un cabronazo con pintas, que no necesita a nadie para urdir barrabasadas de toda índole y condición. Y la pregunta ahora es: ¿Qué es Don Iñaki, Kevin o pardillo? A los monárquicos convencidos les gustaría más que fuera cordero pastoreado hacia el averno. Pero los hechos y la razón apuntan a que en esta particular jodienda, el duque ha sido más activo que pasivo.

No hay cosa que más guste en España que encumbrar a alguien para luego derribarlo, y humillarlo sin piedad. Que se lo pregunten a todos los marios condes de esta nuestra querida piel de toro. Otro hecho consustancial a la naturaleza hispánica es el de hacer chistes del mal ajeno. Así, Don Iñaki se ha convertido en el punching ball emocional del españolito de a pie, en una escapada mental en medio de la lacerante crisis económica que nos asola:

1º Por obra y gracia del ingenio popular, el duque ha pasado de ser campeón de balonmano a figura del talonmano.

2º Estas Navidades, los españoles no le han pedido los regalos a los Reyes Magos sino a su yerno.

3º El pueblo llano lo ha rebautizado como Urmangarín.

4º Se le ha ofrecido ser la imagen publicitaria de la firma Mango.

5º Incluso, algunos han especulado conque  iba a dar el salto al cine de adultos, protagonizando un film porno en mallorquín: “El duc s’em Palma”.



En Medicina, el mejor tratamiento es la prevención. Y en la vida suele ocurrir lo mismo. Entonces, ¿Por qué estos regios niños han sido incapaces de encontrar personas de su igual para casarse?. No hablamos ya de príncipes o princesas. Pero resulta difícil creer que entre toda la nobleza y/o la oligarquía económica, no hubiera tres patriotas con hoja de servicios inmaculada, dispuestos a emparentar con el príncipe y las infantas.

A priori, la que más crudo lo tenía era Doña Elena, por motivos que saltaban a la vista como Sergéi Bubka con su pértiga: de record en record. Tras una relación estable con el jinete Luis Astolfi, este prefirió cambiar de montura, y sacar a la real jaca de su yeguada. La cosa pintaba mal, aquello olía a soltería perenne. Pero apareció él, el caballero de la triste figura, piel color aspirina, y con una gracia que no le cabía en el cuerpo. Los hagiógrafos rastrearon la historia familiar y la cosa quedó bastante decorosa: Hijo del conde de Ripalda, y nieto del vizconde de Eza, que fue ministro de la Guerra con Alfonso XIII, y alcalde de Madrid. De curriculum académico andaba más tieso que Kiko Rivera en la mansión Playboy, así que donde había poco o nada se acuñó el eufemismo “estudios empresariales y de marketing”, o lo que es lo mismo, carrera empezada pero no terminada. Además, la plebe le adjudicó de inmediato el título de podólogo del rey, por aquello de que le iba a quitar el callo al monarca. Boda espectacular en Sevilla, dos hijos, y un matrimonio aparentemente feliz, hasta que un ictus les cambió a todos el rictus. Siempre se ha dicho que las enfermedades graves pueden separar una pareja o unirla más. En este caso ocurrió lo primero, con la inestimable ayuda de una leyenda urbana que recorrió toda España. Ya se sabe que siempre hay alguien que conoce a otro, que de buena tinta sabe tal o cual cosa, por supuesto siempre escandalosa. Yo no estaba allí, así que no me pronunciaré.

Luego llegó el momento de Doña Cristina. Al lado de su hermana, todo un icono sexual. Se instaló en Barcelona con su prima Alexia de Grecia. El maledicente vulgo no tardó en ponerle nombre al piso de solteras: La Polvera. Quien pasó o dejó de pasar por allí, sólo le interesa a los supuestos protagonistas. Lo que sí trascendió fue la amistad real que la infanta entabló con Álvaro Bultó, nieto del fundador de las marcas de motocicletas Montesa y Bultaco, aunque de hecho, la etapa de ponerse mutuamente como motos, duró poco. Tiempo después entró en escena “The artist”, un guayabo de dos metros, medallista olímpico español, y estandarte del club de balonmano más laureado de la historia. Los cronistas de la época, decían de él que era como un pacto de estado: vasco de nacimiento, y catalán de adopción. Los plumillas de cámara tuvieron que fajarse de nuevo para maquillar al personaje. Destacaron hasta la naúsea que el padre era presidente de una entidad bancaria, Cajavital, y sobre todo, los orígenes nobiliarios de la madre. Bordeando el surrealismo, encontraron parentesco por vía paterna con San Valentín de Berriotxoa, patrón de Guipúzcoa. Otra boda de cuento de hadas, y procreando, que es gerundio. Tuvieron 153,5 niños, todos tan altísimos y guapísimos como sus progenitores.

Quedaba Don Felipe, el heredero, y por tanto, él único de los tres que no tenía margen de error. Se enamoró de Isabel Sartorius, hija del marqués de Mariño. Hacían una bonita pareja, pero los padres de Isabel estaban divorciados. Teniendo en cuenta todo lo que ha llovido y hasta nevado desde entonces, no debiera haber supuesto un obstáculo, pero en aquellos momentos, era un problema insalvable. Quien sabe si para olvidar a su amada, el príncipe siguió coleccionando cromos al ritmo del superhit bacaladero de Chimo Bayo: “Esta sí, esta no”, versionado como “Esta sí, esta también”. Y en esas estábamos cuando nos enteramos de que nuestro futuro rey hablaba con una noruega, de apellido Sannum y nombre Eva. Ya desde los tiempos del landismo, el españolito de pura cepa ha sentido una atracción fatal por las nórdicas, pero Eva no nos convencía: Caballona, larga como un año sin puentes, y con nariz de fiordo. Decían que era modelo, pero seguimos sin saber de qué. La arribista no tocó tierra firme, y su recuerdo se diluyó en las frías aguas del Mar del Norte. Tiempo después y sin preaviso, la Casa Real emitió un comunicado en el que se anunciaba el enlace entre SAR el Príncipe Don Felipe de Borbón, y la señorita Letizia Ortiz Rocasolano. Estalló la bomba informativa: Una joven estrella de la televisión pública, hija de padres divorciados, divorciada ella misma, y con el cuentakilómetros más castigado que el del taxi de su abuelo, sería la futura reina de España. Su condición plebeya generó inicialmente un corriente de simpatía popular, que pronto se transformó en afán persecutorio. De ella se dijeron y escribieron todo tipo de bulos, rumores, y medias verdades. Personajes siniestros como el omnipresente Jaime Peñafiel, cargaron contra ella como amantes despechados. Populosa e inapropiadamente conocida como “La Leti”, aprendió a golpes, aguantó el tipo, y con tesón y paciencia, acabó por convertirse en uno de los miembros mejor valorados de la Familia Real. ¡Sorpresas te da la vida!

Pero en esta historia nos siguen faltando elementos imprescindibles. En cualquier historia de corrupción hispánica que se precie, aparecen las putas de lujo y la coca, tarde o temprano. No se concibe que alguien meta la mano, sin que paralelamente se meta por arriba y la meta por abajo. No parece este el caso, puesto que la Infanta permanece al lado de su marido como esposa amantísima y crédula. Suponemos que aunque sólo sea por su condición real,  ella sabe a estas alturas que los Reyes son los padres. Y además, a quién no le ha ocurrido eso de llegar a casa y decirle a tu mujer: “Cari, mira que con lo que nos sobró de las vacaciones he comprado un palacete”. Naturalmente, a ella le parece lo más normal del mundo, y no te hace más preguntas.  

Lo único que podemos sacar en claro de esta historia es que a juzgar por el aspecto del duque, ni dieta Dukan ni leches. Un procesamiento judicial como Dios manda, y te quedas más reducido que la lista de números 1 de Chayo Mohedano. Pero juguemos a Rappel, e imaginemos a Iñaki cuando escampe la tormenta. Lo vemos como a un antiguo ganador del Oscar, tostándose al sol en un destierro dorado, canoso y viejo, más cerca ya de las muletas que de las mulatas, y obligado a divorciarse previo pago una suculenta indemnización, en concepto de servicios prestados. No obstante, si se demostrara su culpabilidad, tendría que acabar como la estatuilla de Oscar, calvo, desnudo y tapándose la masculinidad con una espada, su única pertenencia. Tiempo al tiempo.


domingo, 15 de enero de 2012

La Bueno, el feo y la mala

Las Navidades de 2011 han sido las más tristes que recuerdo, no sólo por la luctuosa situación de nuestra economía, sino por el devenir existencial de las televisiones españolas. “Nochebuena con Raphael” era una tradición primigenia, transmitida de padres a hijos, por vía oral y después audiovisual. El incombustible artista de Linares, Jaén, Andalucía, España, no acudió a la cita. La noche más entrañable del año quedó huérfana, sin el hombre que amenizó la entronización de Nerón, y cantó en la inauguración del Partenón. Los directivos del ente público nos privaron de una nueva edición, de ese show iconoclasta y transgresor, que ha sido vendido a otros países del nivel cultural de Swazilandia, Malta, y Bangladesh. Profesional de pies a cabeza, todos le hemos visto actuar y hasta cantar, afónico, disfónico, convaleciente, y en los últimos tiempos incluso, menopaúsico. Cuentan los más viejos del lugar que Di Stefano fué un extraordinario jugador de fútbol, pero resultaría patético ver al astro jugar actualmente. Raphael no se ha dado nunca por aludido, y como si de un personaje de Cocoon se tratara, una y otra vez nos ha deleitado con el mismo puto repertorio, cantado cada Navidad un tono por debajo respecto a la anterior. La entrañable gala tenía menos audiencia que el consultorio de tarot evolutivo de Esperanza Gracia, así que los prohombres de TVE sustituyeron a la momia de piñata inmaculada y peluca enlacada, por un artista contemporáneo, el gran Sergio Dalma. Los mandamases de Tele 5, por su parte, decidieron contraprogramar con la viuda de España, la otrora bella y siempre velluda Maribel, más conocida como la Pantoja. El programa de Sergio Dalma funcionó de maravilla, pese a ser una fórmula calcada de la del divo geriátrico: un puñado de canciones clásicas interpretadas a dúo, con Alaska (fija en cualquier acontecimiento televisivo, ya sea deportivo, científico, e incluso musical), y un ramillete de primeras figuras.

El de Isabel Pantoja fue un espectáculo sólo apto para sus incondicionales, que por otra parte son legión. Rancio, repetitivo, y aburrido, nadie podría darse por sorprendido, si dentro de nueve meses, España registra un baby boom, porque la noche invitaba a entregarse a los placeres de la carne incluso al vegetariano más radical. Los mismos trajes de siempre, e idéntica plana realización, para un bodrio que se constituyó en insulso anticipo, de lo que acontecería después en Nochevieja.

Empeñada en revolucionar el medio, y en rizar el rizo, Tele 5 lleva años intentando dar la campanada en las Campanadas. Belén Esteban había dejado el listón tan bajo, que en 2011 era muy fácil superarlo, pero la cadena decidió apostar sobre seguro, con un tridente de lujo: Jorge Javier Vázquez (de ahora en adelante, Jogejavié), su presentador estrella; Isabel Pantoja; y su apolíneo desdendiente, el hotentote de Heliópolis, Kiko Rivera. Faltó Jessica.

 
                                                 

Efectivamente, en una España azotada por la crisis, donde los jóvenes tienen un horizonte laboral más negro que el futuro procesal del talonmanista Urdangarín, proliferan los personajes del colorín, cuyo único mérito para alcanzar la fama, ha sido compartir cama y fluidos con un famoso durante un tiempo indeterminado. A esta subespecie pertenece la buena de Jessica Bueno, hasta hace pocas fechas, chica oficial de Ki Kong Rivera. Kiko es a la belleza, lo que Nieves Herrero al periodismo, pero ahí está: estandarte indiscutible del pichabravismo ibérico, costumbre ancestral que tiene en este pedazo de carne con ojos a un líder natural. ¿Se hubiera fijado "la Jessi" en Kiko, si este hubiera sido reponedor en Carrefour? Presiento que no. Ella venía de una corta relación con otro inseminador nato, el tenista Feliciano López, conocido por su destreza con la raqueta fuera de las pistas, más que por su profesión. Cuentan que la joven conoció a Kiko en una filmoteca, durante un ciclo de cine mudo japonés. Entra palomita y palomita, la introspección intelectual compartida dió paso a los sentimientos. Poco le importó a esta potranca sacarle dos cabezas a su galán. El verbo dulce del apuesto mancebo encandiló a la damisela, y la relación fue creciendo con banda sonora de Estopa, y estética poligonera. El tiempo que ha compartido esta jaca con el eslabón perdido, es una inversión segura. De perfecta desconocida a personaje, en dos meses y otros tantos revolcones cochineros. Y ahora, a monetizar su historia en revistas y subproductos televisivos. Aun en el improbable caso de que Jessi obtenga el Premio Nobel en el futuro, siempre será la exnovia del hijo de la Pantoja.

Kiko nunca lo ha tenido fácil. Huérfano de padre de forma prematura, su vida quedó marcada para siempre cuando siendo todavía un niño, apareció en brazos de su madre durante una de sus actuaciones. Quién no recuerda aquel: “Hijo mío, tu eres de …”, y como el pequeño homínido contestaba con un hilo de voz: “Cannneeeee”. Se convirtió en el hazmerreír nacional, e inmediatamente fue rebautizado como Paquirrín. El manto materno lo escondía de la opinión pública, y los años fueron pasando hasta que el bueno de Francisco llegó a la siempre difícil edad de la adolescencia. En casa tenía espejos, y cada vez que se miraba, debía pensar: “¿Cómo es posible que teniendo como hermanastros a dos los hombres más guapos de España, yo sea tan jodidamente feo? ¿Cómo puedo ser barbilampiño, siendo mi madre una rastafari facial?" Se convirtió en un rebelde sin causa, y al modo de los pobres niños ricos, empezó a vivir de noche, con todo lo que ello conlleva. Novias, novietas, ligues, folla-amigas, una lista interminable que llegó a competir en número, pero no en calidad, con la de sus hermanos. Tocó fondo. Su suerte parecía echada, pero Santiago Segura, siempre oportunista, le dió el papel coprotagonista en la cuarta entrega de la saga Torrente.  Después, un productor televisivo le sacó definitivamente del pozo, al darle asilo en “Supervivientes” (nunca un nombre de programa fue tan acertado, como en el caso de nuestro ceporrus ibericus más conocido). Así, descubrimos al verdadero Kiko: pillo, pícaro, ocurrente, y sobre todo, cualquier cosa menos tonto.

Mientras tanto, Isabel está encantada de la vida. Después de años de parecer la madrastra de Blancanieves, presa de un encabronamiento visceral contra los periodistas, ahora se muestra feliz, y hasta simpática. Verla convertida en amiga del alma de su enemigo histórico Jogejavié es bastante llamativo. A mediados de año, tendrá que sentarse en el banquillo, y responder ante la justicia. Pero hasta entonces, disfruta el momento: carrera profesional relanzada, y la ansiada estabilidad de su queridísimo hijo. Ella piensa que Jessica ha tenido mucho que ver en la bonancible situación de Kiko, por lo que mira con agrado a la ajamonada joven. Acostumbrada como está, a que las acompañantes de su vástago tengan menos glamour que el salami, y más horas de vuelo que un avión comercial rumano, se conforma con verlo feliz.

Así las cosas, llegó el “momento Kiko” durante las Campanadas. El ídolo erótico del nuevo siglo aparece con un cadenón de oro entrelazado en su antebrazo derecho. Supuestamente, se trata de una joya que perteneció al mítico Paquirri, aunque por el tamaño, bien podría ser de las que se utilizan en Faunia para sujetar a las bestias. En el plató de la Puerta del Sol nadie se atreve a romper el silencio. Roto por la emoción, se sincera: “Jogejavié, esta caena me va a dar la fuerssa pa’hacer algo que tenía ca’haber hecho”. Más de uno pensamos, con las uvas a medio tragar, que Kiko por fin iba a inmolarse por la humanidad, arrojándose desde el balcón del edificio, para convertirse en pasto de la muchedumbre, que unos metros más abajo aullaba por la llegada del nuevo año. Craso error. Él toma de nuevo la palabra, y anuncia que va a intentar volver con Jessi. Recordamos para los no iniciados, que en una misma semana, la pareja anunció vía exclusiva que se casaban, para un día después ella anunciar que de lo dicho nada, que todo había terminado, y que además se sentía utilizada. Perdona bonita, pero sabías a lo que venías.

En resumen, todo apesta a montaje, uno más de los que abundan en el "chou birnes" (como diría la Campos). Allá cada uno con su conciencia, pero la cosa está muy malita, y allí donde no llega el talento, al menos que alcance la chequera. Todo con tal de que la Bueno, el feo y la mala, no contabilicen en el INEM, y en España sólo haya 4.999.997 parados. Que así sea.



sábado, 19 de noviembre de 2011

Instinto cárnico

“Me da morbo convertirme en poster de cabina de camionero”. Quien así verbaliza su deseo más íntimo no es Tamara Gorro, ni Sonia Monroy. Tampoco Nuria Bermúdez o Marlene Mourreau. Señoras y señores, ladies and gentlemen, la autora de esta frase es Terelou Fields. Sí, sí, la niña de la Campos, la mismísima Terelu. Ver para creer. Quién lo iba a decir de la conductora de tertulias del corazón de Telemadrid en los 90, y actual rostro de la campaña publicitaria de Ymea. ¿A qué luminaria creativa se le ocurrió poner ese nombre a un producto para la mujer menopáusica? Esto es olfato comercial y lo demás son tonterías.

Sin lugar a dudas, “Tetelu” ha sido el personaje de la semana. Su portada en la revista señera del despelote patrio, va camino de convertirse en el fenómeno mediático de la temporada, y de paso revitalizar una publicación que llevaba mucho tiempo en caída libre. Qué lejos quedan los días de gloria de Interviú, cuando sus cabeceras eran todo un acontecimiento. La más famosa de todas, en los albores de la democracia, fue protagonizada por la niña prodigio por excelencia del show business español: Marisol. Ella enseñó al mundo que la vida era una “Tómbola”, y a los españoles, que como cantaba Julio Iglesias, había pasado “De niña a mujer”. Todavía hoy se recuerda aquella primera página, que convulsionó una sociedad que amanecía en libertad, después de una oscura noche de dictadura de casi cuarenta años. Por el semanal fueron pasando todas las musas del destape, y poco a poco, también las actrices de verdad. Menos mal que en la pacata España de la época, nadie valoró la posibilidad de fotografiar al espejo masculino de Marisol, o sea, Joselito, vestido de Adán. Encontrar su micropene en las fotos hubiera sido como jugar a ¿Dónde está Wally?

Años después, desde Italia llegó Sabrina, la inolvidable (no) cantante del “Boys, boys, boys”, y la heredera natural de las maggioratas de la década de los 50. Su único talento era doble, y se empeñaba en mostrarlo con puntualidad británica en cada una de sus actuaciones televisivas. Comenzaba el playback, y pasado el primer minuto, decía como Afrodita A en Mazinger Z: “Pechossss fueraaaa”. Gracias a Dios, Sabrina se fue por donde había venido, y con ella, sus competidoras Samantha Fox y Danuta Lato. Así se cerró la etapa más negra del pop europeo, afortunadamente olvidada.

Luego nos invadió la moda de los posados robados, donde previo pago, la “estrella” de turno era retratada a la orilla del mar al natural, es decir, sin ropa ni maquillaje. Así nació el número de Marta Sánchez, el más vendido de la historia de Interviú. En aquellos días, la solista de Olé Olé salía y entraba con Sterling Campbell, batería de la banda Duran Duran. La buena de Marta fue cazada in fraganti en una playa, mientras se cambiaba de bañador. Cuentan, que las fotos no dejaban bien parada a la sex-symbol española del momento: michelines, cartucheras, y colgajos cutáneos varios, campaban por sus respetos. La revista acordó con Marta destruir los negativos, y a cambio realizar un reportaje en condiciones: hotel de lujo, fotógrafo prestigioso, y vestuario … inexistente. Resultado: Éxito sin precedentes, tirada millonaria, y quioscos yermos de ejemplares, al día siguiente de su salida a la calle.

Posteriormente, la decadencia del mundo del espectáculo español tuvo su correspondiente refrendo en Interviú, que se convirtió en reducto y cita obligada para las concursantes femeninas de los realities televisivos, principalmente Gran Hermano. Entre ellas y Belén Esteban, la mantuvieron a flote durante más de una década. Ni siquiera los semidesnudos masculinos de los ebúrneos Jesús Vázquez y Rafael Amargo, o el fingido rollo bollo entre Yola Berrocal y Malena Gracia, consiguieron escandalizar y en consecuencia, generar réditos pecuniarios.

Así llegamos a Noviembre de 2011. En una España a punto de ser rescatada por sus socios de la Unión Europea, y en plena campaña electoral, por una vez hemos cambiado el tópico del pan y toros, por los panes de Terelu. Ella responde al canon de belleza del Renacimiento, profuso en carne y pobre en vegetales (básicamente las hojas de parra conque se cubrían las partes pudendas de las/los modelos). Dice bien cuando evoca esa intención de convertirse en musa de los obreros españoles, especialidad taller mecánico, fontanero instalador, o mamporrero ajustador. De hecho, no la imaginamos protagonizando los sueños eróticos de los adolescentes de la madrileña calle de Serrano, lugar donde por cierto, residió durante algún tiempo. Los efectos que este reportaje gráfico tendría sobre la libido de los cachorros del pijerío capitalino, serían comparables a los de un convoy de vagones de bromuro.

Si la frase de comienzo de esta crónica era fuerte, no lo es menos esta otra, también alumbrada por el intelecto pluscuamperfecto de Terelu: “Una ya tiene cierta edad: esa edad de decir ahora o nunca”. Amiga mía: la respuesta era nunca. Esto no es lo tuyo. Tu eres una periodista de raza (sin pedigree), un talento por explotar (yo cedería gustosamente la dinamita), una mujer de bandera (a media asta), una hembra neumática (de repuesto y con el dibujo gastado). No eres una vulgar guarrilla capaz de hacer cualquier cosa con tal de saltar a la fama. Y qué decir del disgusto de mamá Teresa, viendo a su hijita del alma vestida solamente con el traje del amor, un ropaje que por cierto, está bastante ajado, y parece comprado en el outlet de Saldos Arias. Ni cuerpo, ni edad, ni sex-appeal, ni photoshop, ni puñetas. Además, los tiempos del marketing, rama mar-teting, pasaron a la historia. Actualmente, la noticia es salir vestido. Un cuerpo desnudo no impresiona a nadie (excepto que sea el de Karmele Marchante), y por tanto ya no es fructífero económicamente. Terelu, a no ser que te montes en la máquina del tiempo, y aparezcas en el tardofranquismo o en los primeros años de la Transición, tu photocall naked ha sido en balde.

Y otra perla vocal para coronar la entrevista que acompaña a las fotos: “Me gusta el sexo a deshoras”. En tu caso, lo de sábado, sabadete … es imposible, porque ese día acompañas en directo a “Gordi” González en “La Escoria”, y estaría mal visto que te lo montaras delante de la cámara. Tampoco los viernes por la noche, donde a menudo apareces en “Sálvame Del-pús”. Pero lo que no sabíamos es que hay horas fijas para la cohabitación. ¿A qué se refiere la diosa Adipocita?, ¿A hacerlo fuera del horario comercial?, ¿A no practicarlo sólo el primer domingo de mes y algunos festivos, como El Corte Inglés?, ¿A realizarlo en los after hours?. Vamos, que ella es más como los “chinos”, que se pasan la normativa municipal por La Gran Muralla, y abren cuando se les pone en los mandarines. Pues muy bien Terelu, tu misma con tu mecanismo.

                                           


            Al fin y al cabo, siempre ha sido un espíritu libre. Después del tradicional matrimonio de blanco y por la Iglesia, con un atildado joven, el amor caducó, y cada uno se fue por su lado. Terelu volvió al regazo de mamá, porque una madre lo perdona todo. Pasó el tiempo, y un día, en una fiesta, conoció a Pipi Estrada, el popular periodista deportivo reconvertido en tertuliano televisivo. Este hombre es un panoli integral, no porque no engorde, sino porque es tonto de cuerpo entero. Cupido unió sus vidas, y durante una temporada fueron una de las parejas de moda del mundo del colorín. Para el recuerdo quedará aquella pillada antológica en una conocida discoteca madrileña, donde se veía a nuestra heroína restregar profusamente sus posaderas contra el pipón de Pipi. Las Campos consiguieron meter en el redil a este prestigioso pichabrava, pero la cabra siempre tira al monte, y él acabó metiendo la pata y lo que no es la pata, en agujero equivocado. Vuelta a empezar. Pobre Terelu, hay quien nace con estrella y hay quien nace estrellada.

            Reconozco que he escrito esta crónica sin ver las ya famosas fotos. Teta arriba, ubre abajo, no me interesan. Pero lo más curioso es lo que mis fuentes me revelan: Ni siquiera sale desnuda. Mucha alfombra, mucha piscina, y mucho peep toe, pero menos carne que en el catering de un concurso de misses. Ahora soy yo el que se descubre ante ti, Terelu. Te había minusvalorado. Insinuar siempre es más rentable que enseñar, y sobre todo, más inteligente. Te respeto.

lunes, 17 de octubre de 2011

Spanish gigoló

Siempre he querido comenzar una crónica de sociedad con la gracia y el talento de ese pequeño gran hombre que es Josemi Rodríguez-Sieiro, eterno candidato al Premio Nobel Doble, aunque año tras año se caiga de la terna final, debido a su sempiterno estrabismo. Va por usted maestro:
Asistí al enlace matrimonial de Doña María del Rosario Cayetana Paloma Alfonsa Victoria Eugenia Fernanda Teresa Francisca de Paula Lourdes Antonia Josefa Fausta Rita Castor Dorotea Santa Esperanza Fitz-James Stuart y de Silva Falcó y Gurtubay, o sea, Cayetana de Alba, con Don Alfonso Díez Carabantes, probo funcionario ministerial. Lo llamativo de este bodorrio no es que para datar a la novia haya que recurrir al carbono 14, ni tampoco que los contrayentes hayan nacido en centurias diferentes. Lo sustancial es el abismo sideral que separa socialmente a la persona con más títulos nobiliarios del mundo (seis veces duquesa, diecinueve veces marquesa, una vez condesa-duquesa, veinte veces condesa, una vez vizcondesa, y dieciséis veces Grande de España), de su flamante marido, una persona de la calle.  Nadie tendría motivos para sospechar, si Cayetana fuera una modistilla jubilada, o si por el contrario Alfonso fuera un príncipe centroeuropeo.
Una arpía de esas que abundan por los mentideros madrileños, me cuenta que no hace mucho, escuchó decir al cinéfilo Alfonso, suponemos que emulando a Escarlata O`Hara: “Juro por la vieja chocha de Alba, que jamás volveré a pasar hambre”. Personalmente, no le doy verosimilitud a ese supuesto desliz dialéctico. Aunque soy tremendamente escèptico respecto a los sentimientos amorosos del novio hacia esa venerable anciana.
En la capilla del Palacio de Dueñas, estaba sentado a mi diestra Jaime Peñafiel, amigo personal, y fiel confidente de la Duquesa, desde la Revolución Industrial. Él se encargará de la hagiografía oficial de Don Alfonso, y nos relatará con delectación como en sus lejanos años de mocedad, el duque de nuevo cuño, decoraba las paredes de su alcoba con fotos de Cayetana en vez de Raquel Welch, y que en el despertar de sus carnes a la vida, la mujer que protagonizaba sus poluciones nocturnas era la cabeza de la Casa de Alba. Defenderá que es una historia de amor verdadero, y que este año sí, el Madrid le va a mojar la oreja al Barça. Cada uno es libre de pensar lo que quiera, pero yo hace años que digo como el Príncipe Don Felipe: “Pues claro que los Reyes existen, pero son los padres”.
No se puede negar que Doña Cayetana tiene su gracia. Ha hecho y ha dicho toda su vida lo que le ha venido en gana, y eso molesta, porque las personas normales no podemos hacerlo.
Primero se casó con Don Pedro Luis Martínez de Irujo, hijo de los duques de Sotomayor, y marqueses de Casa Irujo. Discreto, elegante, y perfecto duque consorte. Durante el tiempo que duró el matrimonio, hasta la prematura desaparición de Don Luis, ella fue madre seis veces, y él, padre cinco o seis, según la fuente que se consulte. Después, Cayetana salió y entró, exprimió la vida y se la bebió hasta la última gota. Amiga de artistas, frecuentadora habitual de saraos, campechana, y sevillana hasta la médula.
Se volvió a casar, y como hizo Marilyn Monroe en su último matrimonio, eligió un intelectual: Don Jesús Aguirre y Ortiz de Zárate, once años menor que ella, y que para más morbo, había sido jesuita. Pregonó a los cuatro vientos que practicaba el conocimiento carnal con su marido a diario. A los españoles nos pareció bien. Dedicó una vistosa peineta desde su coche, a los chicos de la prensa, y toda España se rió. Profirió un sonoro improperio a un paparazzi, y España se rió aún más. Su segundo marido también abandonó el planeta antes de tiempo, y ella volvió a quedarse sóla. Para entonces ya habían llegado los nietos, y los papás de esos nietos se habían divorciado, Carlos, duque de Huéscar, Alfonso, duque de Aliaga, Jacobo, conde de Siruela, Cayetano, conde de Salvatierra, y Eugenia, duquesa de Montoro, todos excepto Fernando, marqués de San Vicente del Barco, que nunca se llegó a casar.
Y ahora, en el ocaso de su vida, reaparece Alfonso (hoy ya Don Alfonso), él único funcionario que no se acordó de los ancestros del Presidente Zapatero, cuando en 2010, el Gobierno de España decretó la rebaja en los emolumentos de los trabajadores del sector público. Lógico, para entonces Alfonso vislumbraba en el horizonte su boda, y por tanto, el plan de pensiones más impresionante que uno pueda imaginar.
            Me cae muy bien la Duquesa. Ante la oposición manifiesta de sus hijos, inicialmente a la relación, y posteriormente a la boda; ella, que siempre ha sido muy taurina, ha cogido el toro por los cuernos. Ha repartido entre ellos parte de sus innumerables bienes, comprando su aprobación al enlace, como Florentino Pérez hace equipos de fútbol, a golpe de talonario.
            Cuando estas líneas vean la luz, los duques de Alba, estarán tostándose vuelta y vuelta, al sol tailandés. Para el recuerdo, quedarán:
1º El bailecito postboda de la novia, imitando a Remedios Amaya, a las puertas de su fantástico palacio sevillano.
2º La ausencia al enlace (por enfermedad) de su queridísima hija Eugenia.
3º Y la ausencia de su hijo Jacobo (el que lleva el pelo como un vidente-curandero de televisión local), por las “cariñosas” palabras que le dedicó hace unas fechas la Duquesa a su actual mujer, la glamourosa Inka Martí.
            Yo, particularmente, eché en falta a Pirucha García de la Golgotilla, marquesa viuda de Brokencondom, madre de quince hijos (había que hacer honor al título nobiliario de su marido), y amiga de Cayetana desde la época en que la Duquesa residió en el Reino Unido. La provecta Pirucha se echó a atrás y excusó su asistencia, cuando se enteró que estaban invitados los hermanos Rivera, Fran y Cayetano, Cayetano y Fran, tanto montan, montan a tantas. Estos maestros de la Tauromaquia, y en especial del rejoneo pélvico, no se paran en barras y su espectro etario femenino es como los juegos Educa, de 9 a 99 años, por lo que Pirucha estaba en serio peligro. Me sobró Genoveva Casanova, exmujer de Cayetano, fémina de corta estatura e incontestable belleza que lleva escrita la palabra ambición en la frente. Hablé con María Eugenia Fernández de Castro, la primera mujer de Jacobo, dulce, educada y cariñosa como siempre, y como siempre, mal peinada y prognática al modo de un rey de los Austrias. Me conformé con saludar en la distancia (ha engordado tanto que es imposible acercarse a ella) a Matilde Solís, la ex del primogénito de la Duquesa. Del resto guardaré un ominoso silencio, excepción hecha de Carmen Tello, esa criatura que parece sacada de las carreras de Ascot, no por sus estrambóticos sombreros, sino por su fenotipo caballar.
            La novia no iba blanca (hubiera tenido bemoles), pero sí radiante, y muy guapa, dentro de las posibilidades. Vestida por sus amigos José Víctor y José Luis, esa entrañable y talentosa pareja sentimental y profesional, más conocida como Victorio & Lucchino, irradiaba felicidad. Caminaba apuntalada por su marido-enfermero, un hombre que de la noche a la mañana ha pasado de tener un aspecto de lo más vulgar, a poseer la prestancia necesaria para el puesto que ahora ocupa.
            En contra de lo que el propio Don Alfonso piensa, la Duquesa es eterna y volverá a enviudar en unos años. Se comenta que ella le ha echado el ojo a Justin Bieber, y creo que hace bien, porque un yogurín es el único que le puede dar una mínima garantía de duración. Que sea usted muy feliz, Cayetana. Se lo merece. Es una Grande de España, pero sobre todo de la vida.
Addendum:
Espero que no seas muy crítico con un principiante como yo, querido Josemi. Por cierto, te he visto esta tarde en el programa de la Campos, ese que no versa sobre Egiptología, aunque sólo salgan momias. Estabas sospechosamente locuaz, tanto que juraría que te habías perfumado con el mismo producto que Fernando Arrabal en aquel celebérrimo programa de Fernando Sánchez Dragó. ¿Te acuerdas? “El milenarismo va a llegaaaar”. En fin, que no sabía como titular esta crónica: “Paseando a Miss Cayetana”, “Anticrónica de una boda anunciada”, “El funcionario, su mujer y otras cosas de meter”. Al final, me he decidido por “Spanish gigoló”, porque hasta en los braguetazos hay que ser patriota.   
    
                                                             

domingo, 17 de julio de 2011

Tu a Paracuellos y yo a Buckingham 2 (Si os gusta haremos la 1)

31 de Agosto de 1997. 

00:15 horas.
Hotel Ritz, 15 Place Vendôme, 75001 París, Francia. Un hombre y una mujer abandonan uno de los salones privados del restaurante L’Espadon. Durante la cena, se han estado regalando miradas cómplices y gestos de amor adolescente. La suntuosa propina delata a los comensales. No se trata de esforzados mileuristas. Pertenecen a ese reducido club, que encadena unas vacaciones con las siguientes, para descansar no se sabe muy bien de qué.
Él, Edam “Dodi” Al-Fayed, playboy prealopécico con aspecto de obrero de la construcción, categoría oficial de primera. Conocido en la noche londinense como Dodi Al-Follé, por su don de lenguas. Experto en francés y en griego clásico. Profesión: Hijo de multimillonario egipcio.
Ella, Diana Frances Spencer, Lady Di para el siglo. Distinguida y taciturna. Fría como una heroína de Hitchcock, y más sosa que una pescadilla ultracongelada de La Sirena. Profesión: Celebrity internacional, y exprincesa cornuda.

00:20 horas.
Las cámaras de seguridad del establecimiento graban la salida de la pareja. Minutos antes, un Audi de alta gama, aparcado delante de la puerta principal, ha arrancado a toda velocidad, intentando despistar a los paparazzi. El otrora todopoderoso Napoleón, encaramado en lo más alto del obelisco que preside la plaza, no puede presenciar la escena, puesto que los enamorados han abandonado el local por la puerta trasera, y porque todo el mundo (menos Borja Thyssen) sabe que las estatuas tienen ojos, pero no pueden ver por ellos. Los tortolitos se disponen a regresar a su apartamento, situado en el exclusivo Distrito XVI. Es una zona de la ciudad donde los moros son malvistos, y los musulmanes, es decir, los moros con dinero, bien recibidos. Suben a la parte posterior de un Mercedes-Benz W140 de color negro, con matrícula 688LTV75. Al volante, uno de los conductores del hotel, y a su derecha, un guardaespaldas tamaño armario Aspelund de tres puertas. Dodi acerca sus labios al oído de Diana, y le confiesa algo con voz susurrada. Algunas fuentes apuntan que le dijo ¿Rubia, quieres pelea con el negro?. No podemos confirmarlo, a pesar de que el avezado lector ya sospecha que uno de nuestros mejores hombres estaba allí.
Yo hubiera preferido a Van Pirsin, pero no estaba operativo. Un asunto de trabajo no le permitía abandonar España. Van nunca dice: “No”, cuando se trata de un colega. El Ruca, un amigazo de la infancia, le había proporcionado una suplencia de verano en Telecamello, primer distribuidor de estupefacientes a domicilio del cinturón industrial madrileño. Y ahí estaba el bueno de Van, 24 horas al día subido en la moto, con más trabajo que el psicólogo de Lady Gaga.
Por tanto, tuve que recurrir a Tyson Ado. Los ocupantes del vehículo no saben que llevan un polizón en el maletero. Tyson viaja dormido, porque durante la larga espera ha dado buena cuenta de su petaca de emergencia. Medio litro de whisky de garrafón circula por su organismo, tras haber llegado a un pacto de no agresión, con la única neurona viva existente. El coche toma la Rue Cambon, gira a la derecha en la Rue de Rivoli, y tiene que parar en el semáforo de la Place de la Concorde. Dodi y Diana son reconocidos por dos paparazzi motorizados. Comienza la persecución. El chófer arranca rápidamente, intentando ganar la autovía que discurre paralela al río Sena.

00:27 horas.
           Al llegar al Puente del L’Alma, la velocidad estimada es de 180 Km/hora, en una zona limitada a 50. Entra en el subterráneo, y tras recorrer 50 metros, empieza a desviarse progresivamente hacia la izquierda, para acabar chocando de forma violenta, contra la decimotercera columna. El impacto es tan fuerte, que gira 180º y queda parado en sentido contrario al que circulaba. Los dos tercios anteriores de la carrocería están destrozados. De toda la estructura, sólo se mantiene en relativas buenas condiciones el portaequipajes. El Cristo de los Gitanos que pende del cuello de Tyson, le ha salvado la vida, no por la advocación religiosa, sino porque ha funcionado a modo de escudo.
¿Qué ocurrió realmente? Van&Ty Freak está en condiciones de desvelar el misterio casi catorce años después. Las hipótesis son infinitas. Que si los motoristas eran realmente espías del M16 británico. Que si su homónimo galo, el DTS, también estaba implicado. Que si el chófer iba más cocido que Amy Winehouse en un concierto. Que si el guardaespaldas pertenecía al M15. Que si Jose María Aznar estuvo en EuroDisney cinco años antes del real óbito (la obsesión que tienen María Antonia Iglesias y Enric Sopena con este hombre). Que si Diana estaba embarazada, y la Corona inglesa no podía permitir que el futuro rey tuviera un hermanastro de piel retinta. Que si desde un misterioso Fiat Uno blanco se proyectó luz con un potente foco para deslumbrar al conductor. Que si Dodi llevaba su muñeco fuera de los pantalones en el momento del accidente, y la visión de esa tremenda colgandera perturbó el quehacer profesional del chófer, acostumbrado como estaba al paupérrimo tamaño medio del miembro viril francés. Especulaciones y habladurías. Esto es lo que Tyson Ado vivió en primera persona y me confesó tras volver de aquel infierno: “Jefe, el rugío del motor me despertó. No estaba incómodo, porque el maletero era mu grande, pero me daba mal rollo la oscuridad. Miré la hora en el móvil. Hacía rasca, como siempre en París. Ibamos a toda leche, y delante empezó una bronca mu chunga. Es sabido que los moros tienen como norma de educación, tirarse regüeldos después de comer”. Pues bien amigos, parece que el señor Al Fayed, como buen nuevo rico, no se conformó con un eructo protocolario y aislado, sino que iba interpretando La Marsellesa a golpe de gas gástrico, y proclamó que la iba a grabar como politono. El conductor le reprochó su actitud y se enzarzaron en una feroz confrontación dialéctica, que degeneró en un conato de agresión física por parte de Dodi. Instintivamente, el galo intentó repelerla, momento en el que perdió el control del coche, y se produjo el fatal accidente. Esta es la verdad de los hechos. La causa real y probada del luctuoso acontecimiento fue una salva acompasada de erigmofonías. Ver para creer.
¿Pero qué pasaba esa noche en España? Hispania vivía ajena a todo, como siempre. Mis futuros cuñados, María y Alejandro, a los que todavía tardaría años en conocer, estaban felices y nerviosos, puesto que se casaban al día siguiente. Por primera vez en muchos meses, TVE no había repuesto Verano Azul. Aunque parezca mentira, Cayetano Rivera era todavía virgen. Luego se picó con su hermano Fran, cogió carrerilla, y el resto es historia y un fusil lleno de muescas. El madridismo aun no tenía noticia de ese ser superior llamado Florenpocotino Pérez. A Valdano le habían regalado un poemario infantil, que comenzó a leer en aquellas calurosas noches, no sin pocas dificultades. Nadie pensaba entonces que le sacaría tanto partido. Él tampoco. Guardiola aún era mortal, y seguía preparándose para llegar algún día a ser tuerto en el país de los ciegos, mientras ensayaba esa oratoria de profesor suplente de autoescuela, que tanto gusta a sus fieles. En el Atleti, don Jesús continuaba con la limpieza étnica de entrenadores. Algo parecido había hecho ya en su feudo marbellí: Desinfectó la ciudad de putas y drogadictos, para que el lenocinio de lujo y el consumo regulado de sustancias psicotrópicas, discurriera con normalidad democrática. Días atrás, Anne Igarteaburro, la de “Hola, corazones”, había anunciado su ruptura sentimental con “elhombredemivida” número 1547. Modestia aparte se había disuelto como grupo pop, cual soluto en agua. Sus componentes perecieron en el olvido. Descansen en paz, y sobre todo la paz que dejaron al marchar. ¡Qué tiempo tan feliz! Tetelu Fields, la del perenne escote balconette, empezaba a tontear con la menopausia. Sólo le quedaba una asignatura para terminar la carrera (igual que ahora). Saltaba de programa en programa, mientras seguía proclamando a los cuatro vientos, que ser hija de la Campos le había cerrado puertas. Claro, Tetelu, claro. Pobrecita, con el talento que tu tienes, y esa gracia y esa grasa que rebosas por tus poros abiertos.

04:00 horas.
Tras ser trasladada al Hospital Pitie-Salpetrière, Lady Di es sometida a una delicada y larga operación. El equipo quirúrgico lucha denodadamente por salvar su vida, pero los intentos son infructuosos. El corazón la de la Princesa del Pueblo deja de latir. La Rosa de Inglaterra, como le cantó emocionado, su amigo del alma Elton John, en el funeral en Westminster, comenzó a marchitarse, y se secó para siempre.
Diana ha muerto, viva Belén, proclamaron los editores de prensa rosa. Pero esa es otra historia, que continúa escribiéndose en nuestros días. Si quereis conocer su final, tendreis que estar atentos a …Van&Ty Freak.