sábado, 22 de marzo de 2014

Una boda civil acaba en criminal: Parte II.


         Una vez colocadas en fuera de juego suegra y madre con el fármaco Animalstopforever® , la cordura volvía a imperar en los preparativos nupciales. Pero la alegría no  duró mucho tiempo. Desgraciadamente, Gema desarrolló el síndrome Muycomosoyyo. Se trata de una enfermedad priónica para la que no existe vacuna ni tratamiento. El cuadro suele debutar en los meses previos a la boda, y tiene su acmé durante las últimas semanas. Se apodera de todas las novias del mundo con independencia de raza, lengua y clase social. Aunque el proceso es autolimitado, existe un porcentaje importante de parejas donde los efectos son deletéreos, y las secuelas pueden ser devastadoras. Gema no fue una excepción, y padeció el síndrome de forma aguda, alcanzando el estadio VII de la clasificación de Hellhinhausen.
 
 
 

         La ilusionada joven presentó los primeros síntomas de forma abrupta: “Mi traje será sencillo, muy como soy yo”. ¿Sencillo? Hay testigos presenciales dispuestos a declarar en sede judicial, que hasta la novia de Farruquito, juró por sus muertos que ella iría al altar vestida muy ella, y con sencillez.

         A continuación, Gema empezó a dejar crecer su pelo (prueba irrefutable de que una mujer se va a casar próximamente) y la media melena estándar se transformó en la típica cortina arrastrasuelos preboda. Bien está que el peluquero tenga materia prima para esculpir uno de esos recogidos rotundos, a la par que discretos, pero todo tiene un límite. Y es que a menudo, en vez de una novia parecen dos siamesas.

Nos referimos al cuero cabelludo, claro está, porque en el resto, toda joven que se precie, desarrolla una aversión irracional hacia el vello corporal: “Me voy a hacer el laser”. En las fotos queda feo que la novia tenga más bigote que el padrino, y el pelito en los brazos es impropio, a no ser que la criatura trabaje vareando olivos. Pero alguna pierde el norte y se depila hasta los dientes. Se los depila, y por supuesto se los blanquea, que tú vas conduciendo por la noche y te cruzas por la carretera con una novia sonriendo, y crees que su coche lleva puestas las largas.
 
 
Tomada de www.zankyou.es
 
 

Paralelamente, la piel de la doncella Gema fue oscureciéndose, hasta tornar negra tizón: “Voy a ir como Beyoncé, pero en fino”. ¡Si es que perdemos la cabeza, novias de España! Una cosa es coger un poquito de color para no parecer el vampiro de “Crepúsculo”, y otra bien distinta acudir a una fiesta con Denzel Washington y que la gente pregunte: “¿Quién es ese chico blanco tan mono que va con Gema Nolillas?”

¿Y el peso? La obsesión que tiene cualquier novia por adelgazar es inexplicable. Gema decía que era por la tensión de los preparativos: “Me caso en siete días y tengo todo por confirmar”.  Para presión la del presidente Obama, cuyo trabajo consiste en levantarse cada mañana siendo el hombre más poderoso de mundo. Pero no vemos mucha tensión en el hecho de ir a una ceremonia colgada del brazo de un pingüino y disfrazada de merengue, e invitar a una macrocena donde todo te lo ponen por delante. Después, la única tarea es decir muchas gracias cada vez que te hacen un regalo y /o te dicen un cumplido, y sonreir para las fotos.

Además, en el fondo da igual, porque aunque la novia parezca un diminuto colibrí requemao, revoloteando en el interior de un traje blanco, otrora de su talla, todo el mundo dirá (con la boca pequeña y nariz de Pinocho) eso tan clásico de: “¡Mírala qué guapa, parece una princesa!”. Noo, noooo, noooooo. Que todas las novias están guapas es otro mito de nuestro tiempo. La que es hermosa continúa siéndolo ese día, y la que no lo es, no pasa nada. Los feos también tenemos derecho a casarnos. Menos mal que siempre está el típico invitado cateto pero sincero (en todas las familias hay por lo menos uno) que exclama: “Tá mu flaca”.
 
 

Una novia, al igual que las folclóricas, donde saca todo lo que lleva dentro es en el traje. Si en cada español hay un entrenador de fútbol, en cada española hay una diseñadora.  Gema Nolillas no era la excepción, y además tiró la casa por la ventana. Una expresión muy nuestra y muy cierta en el caso de nuestras diminutas viviendas, que cabrían perfectamente por un pequeño ventanal, llegado el caso.

Encargó el traje en Postnovias. Sobre una idea de Yoryo Hermani, Gema introdujo unos pequeños arreglos, que hacían que aquel trozo de tela reflejara perfectamente la personalidad de su creadora, sus anhelos y sus inquietudes: “Quería algo que expresara mi momento vital, sereno pero nervioso, blanco pero negro, sencillo pero complejo, muy como soy yo. Mantuve largas conversaciones con Yoryo por Skype, y aunque él no entiende ni papa de español, y yo en italiano sólo sé decir Eros Ramazzotti, daba lo mismo, porque el lenguaje de las bodas es universal.

Supo captar la esencia de mis peticiones, y el resultado final no se parecía en nada a mi proyecto inicial. Me confesó que nunca había tenido una clienta como yo, alguien con una sensibilidad artística tan marcada. Me animó a dedicarme a la moda, porque según él, tenía futuro aunque no especificó dónde ni de qué. Quedó en llamar para hacerme una propuesta formal. No he vuelto a tener noticias de Yoryo, pero es que está muy liado. Yo por si acaso dejo el móvil encendido todas las noches.

Yoryo me convenció para cambiar la tela de arpillera de yute por un chiffon organza divino de la muerte, y el color blanco roto pasó a ser blanco nuclear. Así resaltaba mi piel negra, visible casi en su totalidad gracias a un escote palabra de honor, que palabra de honor hizo las delicias de los mirones. Donde no di mi brazo a torcer, y mira el pedazo de brazaco que tengo, es en el calzado. O llevaba mis botas de trekking Salomon, o no me casaba.
 
Foto tomada de www.guara.mascun.com
 

Y así llegó el gran día, mi día, o eso pensaba yo. Porque Juanma y su decapitación, en vivo y en directo, me robaron parcialmente el protagonismo. Se rompió así una tradición ancestral: El novio es un actor episódico cuya única misión es decir “Sí quiero” cuando le pregunta el cura, y portar del brazo a la flamante esposa, estrella indiscutible del evento.

 Pero esa es otra historia, y os la contaré la semana que viene, porque en diez minutos llega un camión de mudanzas. No, no nos mudamos. Es el fotógrafo que viene a traernos parte de las fotos que me hizo, para que yo elija las que más nos gustan a Juanma y a mí". VanityFreakNews.
 
 
Foto tomada de www.transmoble.com
 

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